Archivo de la categoría ‘pag 21….. M. Indigentes’
¡Bueno! Ya me he gastado el sueldo del mes en los libros de texto para los niños. Pero no mierdas de libros ¿eh?, no. Todos están impresos en papel de primera calidad, bien blanquito y gordote. ¿Quién los iba a querer en papel reciclado si luego empiezan a amarillear en el desván en cuanto termina el curso? ¡Eso a las polillas no les gusta!
Y para mis niños lo mejor. Los libros vienen repletos de simpáticos dibujitos que invaden las páginas dejando aislado al texto en alguna de las esquinas. Seguro que si copiáramos todo el texto y lo reescribiéramos todo juntito no ocuparía más de quince páginas. Pero dicen las editoriales que eso no es didáctico y el alumno no avanza si no ve el dibujo de un coche de policía inglés o un árbol pelado en otoño y lleno de manzanitas en primavera. Quizás si mis libros de texto hubieran tenido más dibujitos ahora no sería un mediocre empleado de banca.
¡Y no sólo eso! Un buen padre no repara en gastos, así que los libros deben traer un compact disc pegadito en la contraportada. Sí, es cierto que luego los profesores dicen que los saquemos de ahí y nos los metamos por el culo, pero a nosotros nos emociona igual que cuando de pequeños abríamos una bolsa de ganchitos y metíamos la mano hasta el fondo para encontrar el muñequito de regalo. Sólo que aquí no es de regalo, claro.
Pero si hay algo que me enorgullece especialmente es saber que estos libros no los va a heredar nadie, ni siquiera los hermanos pequeños. Están especialmente diseñados para pintarrajear encima de ellos, para garabatear respuestas imborrables con pésima caligrafía y con multitud de páginas para recortar y pegar que hacen imposible su aprovechamiento.

Vosotros reiros… que igual mañana no coméis.
No sé si el curso que viene podré seguir permitiéndome estos lujazos. Tal como está la cosa, mejor nos ponemos de acuerdo varias familias y compramos entre todos los libros del curso y luego si eso, yo hago unas fotocopias de extranjis aquí, en la oficina. No será tan elegante, pero más de uno dejaremos de tener esa sensación de que se están riendo de nosotros a nuestras espaldas.
Como decíamos, nuestro análisis abarca desde modelos sencillos hasta reproductores y grabadores con DVD y USB, y una conclusión inequívoca del estudio es que todos, en mayor o menor medida, se calientan. El término científico “calentar” podría confundir al lector y quizás sería más adecuado decir que “si lo tocas, te achicharras”, pues algunos de estos aparatos han llegado literalmente a echar humo. Alarmados por este hecho, nos han informado que esto se debe al trabajo que desempeña el procesador al decodificar la señal, lo que nos lleva a pensar que o bien ponen muy poco procesador para tanta señal o Dios nos libre de que alguna vez la señal se libere del TDT.
Sin embargo, una cosa que debemos agradecer a la TDT es que para cubrir tanto agujero las cadenas han comprado a precio de saldo grandes lotes de películas que antes jamás se hubieran atrevido a emitir. De este modo, de vez en cuando podemos recuperar alguna joya olvidada o alguna película desconocida que por alguna u otra razón nos llama la atención. En ese momento pulsamos un nuevo botón del mando que responde al nombre de EPG. Automáticamente la pantalla se cubre de datos por las cuatro esquinas, en algunos modelos incluso desaparece la imagen y observamos el nombre del canal, el número, la potencia de la señal, la hora… pero jamás el nombre de la película cuyo nombre deseamos saber. Hemos probado miles de modelos y en todos aparecen frases del estilo “programa por determinar” o “cine para todos” que nos dejan inmersos en la ignorancia. Ante tal desprecio al televidente, nos hemos puesto en contacto con las principales cadenas de televisión, hemos exigido una respuesta clara y sincera y esta ha sido unánime: Las emisoras omiten poner los nombres de ciertos programas por vergüenza. Y es por esa razón también que muchos diseños de EPG cubren gran parte de la emisión.
Y, como broche final al insulto, a algún fabricante se le ocurrió rizar el rizo y tuvo la brillante idea de poner juegos en el software del aparato. Imaginamos que debió pensar que incluso con la excelente oferta televisiva que iba

¡Nosotros no salimos de casa sin el Teris!
a suponer esto de la TDT, un sector de inadaptados marginales no íbamos a darnos por satisfechos. Y por ello, en los entresijos del menú escondió un miserable tetris, privado de sonido y difícilmente manejable con el mando, con el que pasaríamos horas compitiendo para saciar nuestra primaria necesidad de estar sentados delante de un televisor encendido. Pero se equivocó de lleno. A nosotros, los inadaptados, lo que nos gusta, y con lo que realmente nos sentimos realizados es con esa maravillosa opción de congelar la imagen y tratar de ser capaces de cazar a Sharon Stone justo en “ese momento”, o congelar la cara de Belén Esteban repetidas veces para poder localizar sus cicatrices. Ese sí sabía de televisión: El que invento el botón de congelar la imagen.
Todos somos ya conscientes del gran engaño que ha supuesto el invento de la TDT y cientos de artículos divulgados en los medios dan fe de ello. Sin embargo, poco se habla de los receptores desde el punto de vista electrodoméstico, que a fin de cuentas, es lo que son.
Un equipo de nuestros expertos ha elaborado un minucioso estudio gracias a la colaboración de varias grandes superficies, que han permitido la compra y devolución sucesiva de varios de estos aparatos, regalándonos desinteresadamente las pilas de los mandos a distancia de todos ellos.
Los exámenes han sido realizados aleatoriamente tanto en modelos de marcas de primera línea, como en lotes recibidos del lejano oriente con nombres extravagantes o ridículos. Y en ambos casos podemos afirmar que el usuario final es lo que menos se ha tenido en cuenta en el proceso de fábrica.
Nos ha sido imposible determinar por qué hay tantos sintonizadores que no permiten ordenar los canales según nuestras preferencias. Muchos de ellos nos obligan a confeccionar una lista que llaman “favoritos”, aun sabiendo que con la oferta actual nadie con dos dedos de frente se atrevería a tener un canal en esa categoría. Así pues, miles de usuarios han optado por el método de ir subiendo canales uno a uno hasta encontrar algo que ver. Esto, unido a los eternos segundos que trascurren mientras el TDT es capaz de sintonizar el siguiente canal suele llevar al televidente a un estado letárgico que le mantiene horas con el botón pulsado en un bucle que sólo se detiene cuando el brazo, ya cansado, se desvía apenas unos milímetros de la trayectoria que apunta directamente al sensor del mando a distancia y todas las funciones del TDT quedan automáticamente desactivadas.
Saltos de imagen y píxeles ya forman parte de nuestra manera cotidiana de entender la televisión, pero con la TDT ha llegado una nueva forma de interpretar el color.

Nos hemos ganado la TDT "a pulso"
A pesar de que en los puntos de venta, nos informan que el receptor no afecta la calidad de los colores, se ha observado que algunos de ellos saturan la imagen hasta rojos insospechados y, por el contrario, otros ofrecen una imagen descolorida, casi blanquecina. Por eso es recomendable comprar uno de cada. De esta manera cuando emiten una película de Mary Santpere podemos conectar el que satura el color para reconvertir esos tonos sepias desteñidos de antaño en vivos colores del siglo XXI, y hacer lo contrario cuando no nos apetezca ver la cara de Matías Prats de ese inquietante color naranja que ya tuvimos ocasión de ver el fatídico día del “¡¿Pero esto qué es?!”.

